viernes, 22 de julio de 2011


¿QUIENES SE VAN EN EL ARREBATAMIENTO?


Solamente se van en el Rapto los que guardan Su Palabra, entonces debemos tener pleno conocimiento de lo que ella reclama de nosotros. Siendo este acontecimiento del levantamiento de la iglesia, uno tan esperado y anhelado por nosotros, debemos empaparnos de lo que su Palabra nos demanda para ser encontrados dignos de escapar.

¿Cómo escaparemos?

Demanda de ayuno

En Mateo 9:15, vemos que cuando los discípulos de Juan el Bautista le reclamaron a Jesús sobre el porqué sus discípulos no ayunaban, el Señor les dijo que como ellos estaban en boda, no tenían que ayunar.

Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo esta con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunaran”.

Los que estaban de boda no podían estar de luto, pues estaban caminando con Él en su propia presencia todo el tiempo. Pero añadió: “Cuando yo sea quitado entonces ayunaran”. Claramente les dijo, que llegaría un momento en que Él iba a ser quitado o arrebatado al cielo en las nubes y que por lo tanto, como ya no iban a estar todo el tiempo en su gloriosa presencia, entonces tendrían que ayunar. De modo que en la Palabra encontramos un llamado al ayuno a la iglesia de Jesucristo.

Los que guarden la Palabra de su paciencia serán librados de la hora de prueba que ha de venir. Por esto, todos los que quieren ser participes del Rapto deben orar diciendo:

Señor, dirigime, úngeme, enséñame y muéstrame los detalles para yo ayunar en tu perfecta voluntad”.

Así el Espíritu Santo nos dará la dirección precisa para hacer el ayuno agradable a Dios. El Espíritu Santo que esta en nosotros es el que nos dará fuerzas para el ayuno. No podemos entrar en el ayuno del Señor sólo porque físicamente nos sintamos robustos y saludables. De hacer así, encontraremos que pronto no podremos seguir adelante.

No podemos depender de nuestras fuerzas humanas. Es con las fuerzas del Señor, la que recibimos a través de su Santo Espíritu.

Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo corazón, con ayuno y lloro y lamento. Joel 2:12

Se van en el Rapto los que se convierten de todo corazón, disciplinando su vida en ayuno y gimiendo en la presencia de nuestro Señor. El ayuno limpia nuestro hombre interior, y a la vez limpia el hombre exterior, pues los ciudadanos del reino de los cielos no podemos lucir como los pecadores de esta tierra. Nosotros somos distintos, somos un pueblo santo, inmaculado, sin manchas ni arrugas, según dice la Palabra. Pero el que luce limpio por fuera, pero esta sucio por dentro, es un hipócrita. Ese era el caso de los fariseos, por fuera lucían muy religiosos. Con mucho ropaje, sin embargo Jesús les dijo que eran hijos del diablo.

Joel nos dice muy claro, que para ser un verdadero creyente, convertido de todo corazón, hay que ayunar y orar en la profundidad de lloros y gemidos. Eso demanda Dios de la Novia de Jesucristo.

El ayuno nos da dominio sobre la carne. Pablo decía que él dominaba la carne. ¿Cómo la dominaba? Su vida era de oración, de ayuno, de vigilias, de actividades espirituales. El que no se mueve en la dirección del Espíritu Santo, nunca podrá tomar dominio de esta carne. La Palabra dice que el sentir de la carne es muerte. Por eso es que los pecadores están muertos, porque la carne los domina y por lo tanto el sentir de muerte de la carne esta sobre ellos.

Ante Dios son como un puñado de huesos secos. Huesos que si vienen a Cristo vivirán. El Señor les pondrá tendones, ligamentos, carne y espíritu para vivir, en el momento que vendrán a Él. Así éramos nosotros antes de venir a Cristo. Huesos secos. Pero al venir al conocimiento de su Palabra adquirimos vida. Durante el ayuno se muere en la carne y se vive en el espíritu.

Demanda de velar

Los cristianos que están velando son aquellos que están alertas, que no duermen espiritualmente.

En Mateo 24:42, hablando Jesús del Rapto dijo: “Velad pues porque no sabéis a que hora ha de venir vuestro Señor”.

El día y la hora, nadie lo sabe, ni aun los ángeles del cielo. Si sabemos que todo esta cumplido, que este es el tiempo, que esta es la época, que todo esta a punto de terminar, que estamos a punto de oír el sonido de la trompeta, pero no sabemos si es hoy o mañana, por lo tanto hay que estar alertas. De modo que si suena hoy, nos vamos, y si no es hoy, mañana seguiré alerta pensando que puede ser mañana.

Vivamos cada día como si el Señor fuera a venir.

En Mateo 25:13, luego el Señor habla sobre el Rapto, en la parábola de las diez vírgenes el Señor nos da una orden mas especifica en relación a este evento: “Velad, pues porque no sabéis el día y la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir”.

Aquí Jesús repite la orden para enfatizar la importancia de velar en todo tiempo a la vez que nos responsabiliza de cumplir con la demanda. Esto implica que el cristiano que no se mantenga velando, va a ser sorprendido por el enemigo y no se va a ir en el Rapto.

El cristiano que no se mantienen en vela, fácilmente puede ceder a las tentaciones, que en forma muy sutil presenta Satanás.

El atalaya se duerme, pone en peligro su vida y la vida de los demás. El cristiano vigilante permanece en vela y no se confía de tener completamente el tesoro que obtuvo. El mismo Pablo dice en Filipenses 3:13: “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado…”.

Él sabia cual era su meta y se mantenía corriendo hacia ella. En vela de no caer en el camino. Pablo conocía lo que era sufrir naufragios. Dice que tres veces estuvo como naufrago en el mar (2 Corintios 11:25). Sabía que si no se mantenía en vela, podía naufragar. Los cristianos que fallan en mantener su vigilancia tendrán que pasar por las consecuencias. Estar alertas en este tiempo, impedirá que naufraguemos en el mar embravecido de la Gran Tribulación.

Pablo no se consideraba demasiado confiado en si mismo, Los que así se consideran, dejan de velar y caen en una conformidad muy peligrosa.

Cuando un avión despega, tiene que subir hasta alcanzar la altura que necesita para mantener su rumbo, si el piloto falla en mantener ese rumbo, las consecuencias podrían ser muy graves. Estaría en peligro, no solo la vida del piloto, si no la de todos los que van en la nave.

Cuando aceptamos al Señor, iniciamos un vuelo hacia el cielo. Si nos mantenemos en vela, podemos conservar el rumbo.

El cristianismo es cuestión de gente responsable, de gente seria, interesada, despierta y que están velando.


“Velad pues porque no sabéis el día y la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir”


Extracto tomado del libro ¿Quiénes se iran?
Por Yiye Ávila